Mejorar nuestra postura no es solo cuestión de realizar ejercicio físico. La reeducación postural pasa por redibujar la imagen del propio cuerpo en nuestro cerebro.

La reeducación postural es un concepto del que se habla mucho en la actualidad. Parece que se trate de una cuestión puramente física y, por lo tanto, entrenable y mejorable con ejercicios y activando la conciencia del movimiento unida a la respiración, que actuaría como diapasón. O esta es la concepción que tienen la mayoría de mis clientes.

Hoy en día sabemos que el cerebro actúa permanentemente como guardián incansable de nuestra integridad: allí donde percibe peligro coloca una atención aumentada y, si lo considera, decide que sintamos dolor como señal de alerta. La complejidad en cuanto a la reeducación postural radica en que la percepción del riesgo que hace que nuestra postura se modifique rigidificándose puede estar vinculada a cualquier área de nuestra vida. Las decisiones que tomamos, las situaciones con las que lidiamos diariamente, los sentimientos que vivimos, sobre todo aquellos que provienen de situaciones donde sentimos impotencia e incapacidad, pueden generar tensiones que nos predisponen a una actitud corporal defensiva.

Además, si las fuentes de tensión persisten es muy posible que a través de la plasticidad cerebral cambie el modo en el que nos relacionamos con nosotros mismos, en el que sentimos nuestro cuerpo, hasta el punto de modificar desde nuestro carácter hasta los mapas cerebrales que dictan la imagen que nuestro cerebro tiene de nuestro propio cuerpo. Este hecho puede perpetuar posturas defensivas y cronificar dolores.

Cómo trabajar la reeducación postural

Desde el ámbito terapéutico y basándome en mi experiencia e investigaciones recientes publicadas, puedo asegurar que cualquier propuesta de ejercicio como corrector postural no es válida y menos en casos en los que el proceso de sensibilización central está activo y avanzando. En estos casos la reeducación postural pasa por promover la visualización como herramienta de trabajo: imaginarse el propio cuerpo primero parado por completo y luego, poco a poco, imaginarse a uno mismo haciendo fuerza contra algo con diferentes partes del cuerpo. Este ejercicio mental permite comenzar a incorporar elementos de control motor que darán confort al cerebro. Este es el primer paso para recuperar una postura corporal menos protectiva, y con tendencia a eliminar dolores.

Cada día tenemos más información de cómo funcionan los mecanismos de protección del cerebro humano, pero todavía nos quedan muchos detalles por descubrir que nos permitan ahondar en el tratamiento de problemáticas tan variadas y complejas que generan pérdida del control corporal y dolor.

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