Javier Savin

DEPORTISTA, SUFRIENDO DOLOR DE ESPALDA DESDE LOS 20 AÑOS

“Tengo 39 años, estoy casado con la mujer de mi vida y tenemos tres hijos bastante movidos, parte fundamental del amor en nuestra familia.
Desde los 10 años mi deporte favorito fue el fútbol, aunque también jugué a voleibol, además de ir en bici los fin de semana, y sobretodo en verano. Esos veranos de casi tres meses que dejaron de existir. Casi cada día de mi vida jugaba a fútbol, entrenaba, soñaba con él.
A los 20 años, empezó a dolerme la espalda, concretamente la zona lumbar. Mi traumatólogo me aconsejó dejar de jugar a fútbol ya que empezaba a tener los discos (vértebras) L5-S1 negros y chafados y eso significa que podía derivar en una hernia. Me sugirió cambiar de deporte y empezar a nadar, un deporte con poco impacto en mi espalda y que a priori reforzaría toda la musculatura de mi espalda.
Obviamente, no cambié mi deporte por el otro, y continué jugando a fútbol. Con el paso de los años, el dolor era más fuerte, me radiaba por ambas piernas y después de cada partido era cómo si me transformara en RoboCop sin poderme mover.
Cada mañana me levantaba con dolor. Cuando llegué a este punto empecé a probar diferentes Fisioterapeutas y no daban con la tecla. También probé Quiroprácticos, Acupuntura, diferentes gimnasios. Algunos de ellos me solucionaban por unas horas el dolor.
Con el paso de los años me casé, tuve a mis hijos; cada día de mi vida me levantaba con dolor. Si sois padres sabréis lo que es jugar con ellos, correr con ellos, cogerlos en brazos etc etc.
Como soy muy tozudo continué jugando un par de días a la semana a fútbol. Prefería soportar el dolor y jugar que no disfrutar de mis amigos y de este maravilloso deporte.
Fui a tres traumatólogos pero ninguno me quiso operar porque no me garantizaban que me curarían, además que limitarían mis movimientos. Yo continuaba probando Fisios y nada. Hasta que un día, un amigo me recomendó uno. Cómo no tenía nada que perder, lo probé. Su discurso era diferente, no prohibía lo que más quería, no me forzaba, simplemente despertó parte de mi cuerpo. Aún así, a los 7-8 meses estuve a punto de dejarlo porque solucionaba mi problema pero sólo 24 horas. En este punto, 24 horas sin dolor era ORO para mí; pero no era suficiente. De todas maneras tuve fe y continué.
Al cabo de 2 meses mi dolor en la espalda había desaparecido para siempre, no me lo creía. Su trabajo y mi constancia habían servido para que después de 15 años aproximadamente con dolor, desapareciera. No me lo podía creer. He seguido trabajando otras zonas de mi cuerpo porque ahora juego a pádel y hago bici de montaña; y necesito un equilibrio en mi cuerpo. Ese Fisioterapeuta es Dani. Un tipo singular, diferente; trabaja cuerpo y mente. Escucha a tu cuerpo y para los que no sabemos de esto, te lo traduce para que lo entiendas. Optimiza tu cuerpo.”

Si quieres saber más sobre las lesiones de espalda puedes consultar nuestras secciones sobre la hernia discal o las lumbares y dorsales